Publicado 07/09/2026 05:28

Tres cuevas de Granada revelan que el canibalismo en el sur de Iberia fue una práctica recurrente en el Neolítico

Cráneo copa.
Cráneo copa. - CSIC

GRANADA 7 Sep. (EUROPA PRESS) -

Un estudio en las cuevas de Malalmuerzo, Carigüela y Majolicas (Granada) revela que el canibalismo ibérico durante el Neolítico no fue una práctica uniforme ni se produjo en un solo momento, sino que se trató de episodios recurrentes pero separados en el tiempo, asociados a diferentes contextos sociales y motivaciones.

Más de 50 años después de que estas cuevas se convirtieran en referentes para el estudio del canibalismo prehistórico, un equipo internacional ha revisado cerca de un millar de huesos de estos conjuntos mediante datación por radiocarbono y nuevas técnicas de análisis tafonómico (el estudio de todos los procesos que afectan a los restos óseos desde la muerte hasta su hallazgo). Los resultados han permitido reconstruir con una precisión inédita cuándo y cómo se produjeron estos episodios.

El equipo ha estudiado cerca de un millar de restos humanos procedentes de las tres cuevas para averiguar si fueron manipulados de forma intencional. Los restos óseos fueron examinados al microscopio para detectar marcas de corte, fracturas, golpes y señales de dientes, y distinguir entre roturas producidas en hueso fresco y las ocurridas tiempo después de la muerte.

Además, combinaron estadística y machine learning para distinguir si estas roturas fueron accidentales o producidas por la acción humana. También estimaron la edad de los individuos encontrados (a partir de las piezas dentales y el grado de desarrollo esquelético) y realizaron dataciones directas por radiocarbono.

Los resultados muestran que, más allá de las similitudes en el procesamiento de los cadáveres (marcas de corte, indicios compatibles con el hervido o huellas de dientes), cada yacimiento cuenta una historia diferente: Malalmuerzo presenta indicios de violencia, Carigüela es el ejemplo de la recurrencia de estas prácticas (además de presentar un tratamiento muy particular de los cráneos) y Majolicas parece haber sido el escenario de prácticas rituales.

"Durante décadas se ha tendido a interpretar el canibalismo prehistórico como un único comportamiento. Nuestro trabajo muestra que no es posible hablar de un único 'canibalismo neolítico', sino que detrás de evidencias arqueológicas similares pueden existir realidades sociales muy diferentes", explica Antonio Rodríguez-Hidalgo, investigador Ramón y Cajal del Instituto de Arqueología de Mérida. "Solo integrando la cronología, el contexto arqueológico y la información conservada en los huesos podemos aproximarnos a su significado", añade.

VIOLENCIA COLECTIVA

La cueva de Malalmuerzo ofrece uno de los resultados más destacados, un posible episodio de violencia colectiva ocurrido alrededor del año 5.000 a. C. "En Malarmuerzo hemos encontrado fracturas que nos hablan de una muerte violenta. Además, los análisis nos indican la presencia de restos de todos los grupos etarios, lo que indicaría un evento violento en el que todos o casi todos los individuos de un grupo habrían sido asesinados y luego consumidos", detalla Rodríguez-Hidalgo.

Por su parte, las dataciones de Carigüela hablan de varios episodios ocurridos en distintos momentos del Neolítico. En esta cueva se encuentra uno de los hallazgos más singulares: dos cráneos modificados para producir recipientes craneales ('cráneos copa').

El episodio más reciente de los documentados (en torno al 3800 a. C) corresponde a la cueva de Majolicas, donde las prácticas de canibalismo no parecen corresponder a episodios de violencia y en la que se han hallado huesos teñidos de rojo, probablemente con cinabrio, un mineral escaso y de gran importancia simbólica, asociado a prácticas rituales y mortuorias.

UN PATRÓN TEMPORAL COMÚN A TODA EUROPA

Los resultados sitúan los yacimientos granadinos dentro de un panorama europeo más amplio: "Las evidencias conocidas sugieren que el canibalismo no fue un fenómeno continuo durante el Neolítico europeo, sino que aparece concentrado en determinados momentos y regiones; un patrón temporal común a toda Europa y en el que también encajan los episodios de estas tres cuevas", explica el investigador Francesc Marginedas, también autor del artículo e investigador en la Universidad de Viena.

En concreto, las prácticas antropofágicas del Neolítico europeo se concentran en tres momentos: finales del sexto milenio a.C, mediados del quinto milenio a. C y finales del tercer milenio, ya en la Edad del Bronce. Los investigadores desconocen la razón última de esta coincidencia temporal.

"No podemos decir que todos los episodios tengan una causa común, pero sí que durante todo el Neolítico, de forma discontinua pero recurrente, existe un escenario de conflicto y/o manipulación de restos que intuimos que refleja cambios en la organización social, las relaciones intergrupales y la relación con la muerte y la violencia", detalla Palmira Saladié, investigadora del IPHES-CERCA y autora principal del estudio.

La investigación pone de relieve el valor científico de las colecciones arqueológicas históricas y demuestra que la aplicación de nuevas metodologías a materiales excavados hace décadas permite obtener información inédita. El trabajo tiene además una dimensión singular, entre sus autores se encuentra el investigador que dio a conocer estos conjuntos en la década de los 70, Miguel C. Botella, en aquel entonces director del Laboratorio de Arqueología Forense de la Universidad de Granada y ahora catedrático emérito de la misma.

"Fueron sus trabajos los que contribuyeron a convertir Malalmuerzo, Carigüela y Majolicas en referencias para el estudio del canibalismo en la Prehistoria reciente europea", apostilla Marginedas. Medio siglo después, Botella participa en la revisión de aquellos mismos restos mediante nuevos enfoques, entre ellos las dataciones directas por radiocarbono y nuevos procedimientos de análisis tafonómico.

"Ha sido un privilegio trabajar junto al profesor Miguel C. Botella en la revisión de unos conjuntos que él mismo convirtió en referentes hace más de cincuenta años. Volver sobre estos materiales con nuevas herramientas nos ha permitido plantear preguntas que entonces eran imposibles de responder", señala Saladié.

La investigación, publicada en el 'Journal of Archeological Science', es una colaboración internacional coliderada por investigadores del Instituto de Arqueología de Mérida (IAM) --centro mixto del CSIC y la Junta de Extremadura--, y del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES-CERCA).

En el trabajo también han participado la Universitat Rovira i Virgili (URV), la Universidad de Viena (Austria), la Fundação Museu do Homem Americano (Brasil), el Conicet-Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (Argentina) y la Universidad de Granada. La investigación ha contado con la financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y de la Fundación Palarq.

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