Publicado 25/05/2026 06:24

El deterioro de la piel no es solo estético y afecta al cerebro y a los huesos

Archivo - Mujer usando protección solar en la playa.
Archivo - Mujer usando protección solar en la playa. - MYKOLA SOSIUKIN/ISTOCK - Archivo

MADRID 25 May. (EUROPA PRESS) -

El deterioro cutáneo puede generar sustancias proinflamatorias que pasan al organismo y afectan a órganos como el cerebro o los huesos, por lo que la piel puede influir activamente en el envejecimiento interno, según el dermatólogo de la Policlínica Gipuzkoa de San Sebastián, Jorge Soto, que ha participado en el 53º Congreso de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) 2026, celebrado en Maspalomas (Las Palmas).

Este fenómeno se enmarca dentro del concepto de inflamación crónica de bajo grado o 'inflammaging', uno de los grandes impulsores del envejecimiento y de enfermedades asociadas a la edad. De hecho, algunos estudios han mostrado que intervenciones aparentemente sencillas, como la hidratación adecuada de la piel, podrían contribuir a reducir esta inflamación sistémica e incluso disminuir el riesgo en procesos relacionados con la neurodegeneración.

El congreso, celebrado entre los días 20 y 23 de mayo, ha puesto de manifiesto que la piel se consolida como un elemento clave en los procesos de envejecimiento y longevidad, con una influencia directa tanto como reflejo como modulador del estado interno del organismo.

Asimismo, Soto ha recalcado que este órgano es una "ventana accesible" para observar procesos complejos como la inestabilidad genética, el acortamiento de los telómeros o la alteración del microbioma. Estos cambios, conocidos como 'hallmarks' del envejecimiento, no solo se manifiestan en la piel, sino que evidencian una conexión directa con lo que sucede a nivel sistémico.

Junto a este cambio de enfoque, la Dermatología integrativa ha emergido como una evolución natural del modelo tradicional. Este abordaje amplía la mirada clínica para incorporar factores como la alimentación, el sueño, el estrés o la salud intestinal, entendiendo que todos ellos influyen de "manera determinante" en la piel.

Por su parte, la especialista en Dermatología Integrativa y Longevidad y directora del Instituto de Medicina y Dermatología Avanzada (IMDA) de Madrid, Almudena Nuño, ha declarado que esta especialidad implica, por ejemplo, ajustar la alimentación en pacientes con acné o rosácea, trabajar estrategias de reducción de estrés en patologías inflamatorias o valorar el estado de la microbiota en casos seleccionados".

En este sentido, dormir menos de siete horas, mantener niveles elevados de estrés o seguir una dieta rica en ultraprocesados se asocia a mayor inflamación, alteraciones en la función barrera y un envejecimiento cutáneo acelerado.

ALTERACIONES INTESTINALES Y MANIFESTACIONES CUTÁNEAS

Por otro lado, la investigación en microbiota ha evidenciado que la composición y el equilibrio de los microorganismos intestinales influyen directamente en la respuesta inmune y en el estado inflamatorio del organismo.

"La microbiota intestinal modula el sistema inmune y puede favorecer o reducir procesos inflamatorios que se manifiestan en la piel", ha indicado.

Asimismo, la dermatóloga del Hospital Vega Baja y Clínica Belaneve de Alicante, Inés Escandell, ha señalado que la microbiota digestiva produce metabolitos con efecto antiinflamatorio y regula el sistema inmune, influyendo "directamente en la salud cutánea".

En patologías concretas se han observado "asociaciones claras" entre alteraciones intestinales y manifestaciones cutáneas, lo que abre la puerta a estrategias terapéuticas más amplias que incluyan la modulación de la microbiota.

"Por ejemplo, en el acné suele haber una menor diversidad en la microbiota intestinal y eso puede favorecer la activación de ciertas vías que estimulan la producción de sebo. Y en la rosácea existe mayor prevalencia de patologías como el SIBO (Sobrecrecimiento Bacteriano en el Intestino Delgado), mientras que la erradicación de esta patología se asocia a una mejoría cutánea", ha apuntado la doctora.

En este escenario, la alimentación adquiere un papel "protagonista" como herramienta de intervención en los procesos de envejecimiento. La evidencia científica respalda el efecto beneficioso de patrones como la dieta mediterránea, que se asocia a una menor inflamación, reducción del estrés oxidativo, una menor mortalidad cardiovascular y menor incidencia de enfermedades crónicas.

En cuanto a la suplementación, los especialistas han coincidido en que puede desempeñar un "papel complementario" en determinados contextos clínicos. Sustancias como los ácidos grasos omega-3, la vitamina D, los probióticos o los antioxidantes han mostrado beneficios en situaciones específicas, especialmente por su capacidad antiinflamatoria o de apoyo a la función inmunológica. No obstante, han insistido en la necesidad de individualizar su uso y de integrarlos siempre dentro de un abordaje médico global, evitando considerarlos como sustitutos de hábitos saludables o tratamientos convencionales.

Más allá de intervenciones concretas, los expertos han subrayado que los pilares del envejecimiento saludable siguen siendo los hábitos de vida. La protección solar adaptada al fototipo, la hidratación cutánea, la práctica regular de ejercicio físico, una alimentación equilibrada, el descanso adecuado y el control del estrés constituyen la base sobre la que construir una piel sana y, por extensión, un organismo más saludable.

Este enfoque global se enmarca dentro de un cambio conceptual más amplio en Medicina, donde el término "antiaging" está siendo sustituido progresivamente por el de "geroprotección". Este nuevo paradigma no busca frenar el envejecimiento como proceso natural, sino optimizarlo, promoviendo una mayor calidad de vida y reduciendo el riesgo de enfermedades asociadas a la edad desde etapas tempranas.

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